
Bernardido González Vázquez es un ladrón que se dedica a meter la mano en la cartera a mi equipo del alma cada vez que se viste de árbitro.
El amor incondicional a unos colores y a un escudo sin pedir nada a cambio.

En esa batalla del domingo en Valencia entre el dinero y el sentimiento, nosotros ya hemos ganado por goleada.

Pasó la madrugá en Sevilla y tras ella la mañana de Viernes Santo. Como cada vez que la Señora de San Gil sale a la calle, las últimas veinticuatro horas han estado llenas de sensaciones y recuerdos imborrables para todos los que nos sentimos macarenos.
A la sombra de un fértil naranjo plantado en algún lugar de la calle Feria, mi padre, sevillista y macareno como yo, como sus tres hijos, la ve pasar cada año y cuando ese altar florido a modo de paso de palio llega a donde él reposa, una estrella blanca y rutilante se asoma al cielo de Sevilla.
Es la misma estrella que se dejó ver en el cielo de Eindhoven cuando Javi Navarro levantó al cielo la primera copa de la UEFA, la misma que presumió, mostrando su blanca brillantez en Mónaco, la misma que resurgió entre las nubes de Glasgow, la misma que bailó de gozo en el firmamento de Chamartin. Es la misma estrella que siempre está conmigo.
Mi padre fue sevillista y macareno y cuando el azahar avisa de que la Señora de San Gil está en la calle, mis hermanos y yo vamos a su encuentro con regocijo.
Hoy por la mañana, la casualidad ha querido que mi amigo Luismi y yo, creadores de este blog junto con otros amigos, hayamos coincidido viendo la Macarena en la calle Feria. Justo en ese momento donde los entendidos dicen que la Macarena, aunque cansada, está más guapa. Y ambos hemos compartido durante algunas horas ese sentimiento sevillista y macareno que nos legó nuestros padres.Con mis disculpas a los macarenos que no sean sevillistas, y a los sevillistas que no sean macarenos.

Por otro lado, a la pregunta sobre la conveniencia o no de vender nuestros mejores jugadores a clubes de nuestro país, con el perjuicio que ello conlleva en las competiciones, Monchi ha explicado que cuando un club paga por un jugador lo que nuestra entidad pide, no se mira el club al cuál se marcha, es más, si el precio es alto, evidentemente en España sólo hay dos clubes que pueden pagar dichos precios.