sábado, 14 de julio de 2012

Ni revolución , ni inmovilísmo (Capitulo cuatro y último: El Presidente)



El Sevilla de los seis títulos en 17 meses, y que fue durante dos años consecutivos el mejor equipo del mundo, pasará a engrosar las enciclopedias del fútbol junto a otras grandes escuadras que han dado luz y esplendor a este maravilloso deporte de masas.

El Sevilla Fútbol Club del Centenario, se ganó a pulso un sitio en el Olimpo de los equipos más grandes de la historia del fútbol y ocupó un lugar preferente en ese escalafón donde estuvieron el Manchester United de Bobby Charlton de los años 50, el Inter de Suárez en la década de los 60, el Brasil y el Santos de Pelé en los 70, el Benfica de Eusebio y el Ajax de Cruyff, la Argentina de Maradona en los 80, el Madrid de Di Stéfano en blanco y negro, y el Barcelona de Guardiola y Messi 

Y esos éxitos, subrayados con tinta indeleble en la memoria histórica del sevillismo, fueron posibles gracias a que llegó a la Presidencia del Sevilla Fútbol Club, un hombre, sevillista desde la cuna, arrojado, arrollador y con una tremenda ilusión para hacer de su club, una entidad respetada, admirada y envidiada en todo el orbe futbolístico.

José María del Nido Benavente arrancó su gestión presidencial cuando el club venía de largas décadas de ostracismo y de una situación interna convulsa que enfrentaba a sevillistas contra sevillistas con una frase y un gesto; la frase fue “Los 40 millones de deuda del club son calderilla para mi consejo de administración”; el gesto, escribir sobre una servilleta de papel las gestas deportivas que aspiraba y que luego se alcanzarían.




Y ese Presidente, querido y admirado por el sevillismo, pero tildado de prepotente fuera de la familia sevillista, arrogante casi hasta generar odio ajeno allá donde va, insolente y provocador contra el poder absoluto de blaugranas y merengues, brazo armado contra el absolutismo ejercido desde las rotativas de Madrid, ferviente defensor de todo cuanto importara a los intereses de nuestra entidad, parece que también, como los títulos, ha pasado a la historia.

Más allá de su delicadísima situación procesal, de la que ya hemos hablado en este blog, no sabemos que queda de ese presidente al que 40 millones de euros de deuda le parecía calderilla al inicio de su mandato. Si nos atenemos a los balances económicos aprobados anualmente en las Juntas Generales de Accionistas, el club lleva varia años en números negros, y con un activo (a fecha de Diciembre de 2011), de varias decenas de millones de euros. Nuestra situación  financiera, es, de ser ciertos esos números, y no tenemos motivos para dudarlo, lo suficientemente solvente para tener, en estos tiempos de crisis, un colchón lo suficientemente grueso como para no prever a corto y medio plazo, ningún sobresalto económico.

Cierto es, que la pavorosa crisis en la que vive España, provocada por la oligarquía financiera y que también ha llegado al mundo del fútbol, obliga a ser muy prudente en el gasto, y a pelear cada euro para salvar el balance económico del ejercicio. Pero eso, que siempre debe ser una práctica obligatoria, no debe estar reñido con la exigencia y la ambición por tener cada día más,  una entidad poderosa en lo deportivo, en lo económico y en lo institucional.


Y no decimos que se haya renunciado a ello, pero los pasos que se viene dando en los últimos tiempos, van en camino contrario. Los grandes equipos nunca dan un paso hacía atrás, ni siquiera para coger impulso. Y nosotros –lo ha declarado el Presidente- lo hemos dado. La despedida de Kanouté es simbólicamente, la evidencia de ese fin de ciclo, que nuestros dirigentes no han sabido darle continuidad.

Estamos por tanto, donde siempre hemos estado deportivamente hablando. Cada año hemos bajado varios peldaños de esa figurada escalera del éxito que nos llevó a lo más alto y hemos pasado, en muy poco tiempo, de deslumbrar a Europa y al mundo con nuestro fútbol, a quedarnos fuera de las competiciones europeas. Y superar esa realidad, corresponde a quienes tienen la responsabilidad de la gestión del club.

Sabíamos que no era fácil mantenerse en el éxito; que ese ciclo victorioso que nos llevó a ser el más grande entre los grandes, era muy difícil de repetir, pero quien renuncia a seguir estando en la élite, quien a sabiendas de sus consecuencias, reduce su presupuesto y vulgariza la plantilla, debe saber que inicia un camino, que más temprano que tarde, le alejará de la Presidencia del club.

En ningún orden de la vida, y en fútbol tampoco, no existen los espacios vacíos. Y tarde o temprano llegará a la zona noble de Nervión otro que haga como aquél Del Nido que convirtió la deuda del club en calderilla. Un equipo grande nunca pueda partir de cero y solo hay que releer la gloriosa historia de nuestra entidad para saber lo que nos ha costado llegar hasta aquí. El sevillismo no quiere resignarse a morir de éxito, tras una travesía llena de obstáculos y dificultades.

José María Del Nido Benavente, ha cubierto de gloria nuestra reciente historia, y sabe la fórmula para no dilapidar nuestro patrimonio deportivo e institucional. Sabe como de orgullosos hemos estado los sevillistas de su gestión, y sabe que en nuestro ADN no ocupa lugar la resignación y la bajada de brazos. Él nos ayudó a recuperar nuestras señas de identidad, perdidas durante décadas en el valle de la mediocridad. Él nos enseñó a mirar a los ojos a los poderosos, a mantener esa mirada desafiante al que te quiere pisotear y supo siempre que en esa desigual batalla, tenía con él, el apoyo incondicional del sevillismo. Pero estos tiempos de crisis, no deben ser escusas para bajar los brazos.

La solución está en el consejo de Administración que nos traído hasta aquí, pero si de la planta noble del Ramón Sánchez Pizjuán, no sale una inequívoca señal de impulso para recuperar cuanto antes el prestigio deportivo perdido, los pañuelos en la grada dictaran sentencia más pronto que tarde. Y eso, desde cualquier punto de vista, sería lamentable. 

martes, 12 de junio de 2012

Ni revolución , ni inmovilísmo (Capitulo tres: El Director Deportivo)


El Sevilla de los seis títulos (de siete finales jugadas) no existiría sin la labor extraordinariamente fértil de D. Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi para los sevillistas. Él consiguió labrar en roca muy sólida, las bases deportivas por las que el Sevilla Fútbol Club pasó de ser un absoluto desconocido en Europa, a ganar tres títulos continentales, algo que sólo pueden presumir en España, los grandes de nuestro fútbol, y el Sevilla entre ellos. 

Son tantos los aciertos, tantas las satisfacciones, que su tarea se antoja impagable por el sevillismo. Esa capacidad para crear desde la nada un equipo seis veces campeón, llamó la atención de los sempiternos buitres de nuestro fútbol que quisieron arrebatárnoslo a golpe de talonario. Y estuvieron a punto de conseguirlo. Sólo una gestión directa del Presidente del Sevilla lo evitó. Eso y su sevillismo a prueba de bombas. Y hubo y sigue habiendo muchas en su camino.

Valga esta introducción para reconocer lo que todo el sevillismo no debe olvidar, y más ahora que pintan bastos: Monchi es patrimonio deportivo de nuestro club y por tanto hay que hacer todo lo posible para no tirarlo por la borda. Quienes no sienten en blanquirojo tienen puesto desde hace tiempo a nuestro Director Deportivo en el punto de mira. Quieren dinamitar ese binomio (Del Nido-Monchi) que tanta gloria ha dado a los sevillistas y al futbol en nuestra ciudad.

En consecuencia, desde “De Granito”, consideramos absolutamente acertado la decisión del Consejo de Administración de nuestro club, de garantizarle un contrato de larga duración. Es la mejor manera de conservar ese patrimonio deportivo del club que es Monchi. No hay prueba más absoluta de confianza ciega a la labor extraordinaria de un hombre que ha puesto todo de su parte, superando problemas personales e incluso familiares, para llevar el Sevilla Futbol Club a la cima del fútbol en el mundo.

Pero el futbol no vive del pasado y si es cierto todo lo anterior, no es menos cierto, que las decisiones tomadas en las dos últimas temporadas a la hora de planificar la plantilla han lastrado gravemente el presente y el futuro a corto plazo del crecimiento deportivo del club. Los errores en la planificación de la plantilla, ahora reconocidos tácitamente, han erosionado seriamente la labor y la imagen de Monchi y su equipo en estos dos últimos años, y al mismo tiempo las arcas del club se han resentido seriamente. Un club con el nivel de ingresos del Sevilla, con un presupuesto muy por debajo de los aspirantes a ganarlo todo, no puede dilapidar cien millones de euros en un fallido “Plan Renove” de futbolistas que no han rendido en en el césped lo que se esperaba de ellos.

La consecuencia inmediata de esos errores lo estamos viendo en la nueva política de fichajes del club. Tenemos que renunciar a firmar futbolistas promesas con un futuro más o menos interesante por el elevado riesgo de fracaso que han dejado ya aquí los Tom de Mul y compañía y también, por supuesto, olvidarse a corto plazo de fichajes contrastados por su elevado caché económico. Se ficha para el presente buscando el rendimiento inmediato y si es posible a coste cero. Aún a costa de envejecer la edad media de la plantilla. Diego López, Maduro y todos los que vengan, cumplirán esa condición. Ya veremos si da resultado, ojalá que sí.

Ante este nuevo escenario poco habitual en los últimos años, con una plantilla ciertamente devaluada, con la mayoría de los futbolistas que nos dieron la gloria fuera del club, y con apenas dos o tres futbolistas “Clase A”, en la plantilla, Monchi debe acometer una tarea ingente pero ineludible: devolver a esta entidad, y en el menor plazo posible, el prestigio futbolístico perdido.

Para ello debe comenzar por confeccionar una plantilla competitiva con exigencia a corto-medio plazo, dotar a la misma de futbolistas que sean capaces de rendir sin esperar su adaptación hasta la eternidad (Guarente o Cigarini), limpiando ese vestuario de futbolistas no comprometidos, (Spahic, Alexis, Romaric o Rakitic), y exigiéndole al entrenador que no viva de espaldas a la carretera de Utrera. Quien quiera que ocupe el banquillo sevillista debe saber que renunciar a la cantera, es renunciar al progreso de nuestro club.

Monchi es el pasado, el presente y el futuro de este club. Es uno de los nuestros, y no hay color, en ese debate maniqueo e interesado alentado por nuestros adversarios y sus voceros, sobre su contrastada capacidad. Los aficionados no somos ingenuos; sabemos que el Sevilla de los seis títulos forma parte del pasado y probablemente pasarán muchos años antes de que ocurra algo parecido, pero quien renuncie de antemano a colocar al Sevilla Futbol Club a la altura de los más grandes, tiene los días contados en el club. Por muy alto que sea su pedestal. De ello hablaremos en nuestro próximo post.

Continuará……

miércoles, 6 de junio de 2012

Ni revolución, ni inmovilísmo (Capitulo dos: El entrenador)



La renovación de Michel decidida por unanimidad en el Consejo de Administración, pone encima de la mesa otra de las causas que han provocado el fiasco del equipo en esta última temporada principalmente: la contratación en los últimos tiempos de un entrenador de perfil medio-bajo, poco acorde en ocasiones con la calidad media de la plantilla. 


Ni Manolo Jiménez, ni Antonio Álvarez, ni Gregorio Manzano, ni Marcelino García Toral, han sido capaces, por distintos motivos y distintas circunstancias de continuar con la herencia recibida desde la salida por la gatera de Nervión de Juande Ramos. Cierto es que a Jiménez le duró la cuerda hasta que se extinguió la dinámica de equipo ganador que había dejado el de Pedro Muñoz; no menos cierto es que Antonio Álvarez se asió a esa estela para ganar la Copa del Rey en Barcelona. Pero seamos sinceros, el primero tenía dividido a la afición, y el segundo nunca llegó a tomarle el pulso al equipo.

Llegó Manzano y era el mismo caldo con distinta taza. Aquella nefasta eliminatoria contra el Oporto y su demostrada incompetencia para sacarle partido a una todavía muy buena plantilla, le hizo perder los papeles. 

La etapa de Marcelino fue sin embargo la que más frustración dejó en el seno del sevillismo. Pocas veces tuvo un entrenador a priori el viento más favorable en Nervión. Sin merecerlo, se ganó el respeto, la confianza y la admiración de toda la Sevilla futbolística, y no solo la que siente en sevillista. Toda la prensa deportiva sin excepciones, y todo el sevillismo se subió a esa ola de optimismo que la llegada de Marcelino trajo a Nervión. Por eso el chasco después fue más grande. 

De la ilusión a la decepción más absoluta; de las alabanzas sin freno a las críticas más agudas. Marcelino perdió el crédito de la afición en muchas tardes de futbol infame y la remató en aquella nefasta eliminatoria de Copa contra el Valencia cuando teniendo la obligación de remontar el 0-1 de Mestalla, dejó a Kanouté en el banquillo hasta el minuto 80 de partido. 

Y ahora Michel. Un entrenador que a priori desagradaba en Nervión, fundamentalmente porque desagrada todo lo que huele al equipo de Chamartín, y también, porque no decirlo, porque era de esos futbolistas que en su ADN está muy marcado ese origen madridista.


No se si Michel es la solución. Si sé que en el tiempo que ha sido nuestro entrenador durante la temporada pasada, el equipo dio síntomas distintos a los inquilinos anteriores de nuestro banquillo: buen trato de balón, querencia por el juego combinado, intensidad para ir por los partidos, posicionamiento en el campo más coherente, recuperación de la sintonía en el vestuario, (ofreciendo los galones a quienes nunca debieron de perderlo), inteligencia en la sala de prensa, etc.

Pero siendo todo esto cierto, el equipo hizo partidos horrendos que a la postre le han costado no jugar en Europa, sobre todo la ignominiosa goleada en Getafe y el ridículo más espantoso en el partido que más nos duele. Tampoco, al igual que Manzano o Marcelino, fue capaz de enchufar a la causa a dos futbolistas de nuestra cantera que, estoy seguro, jugarían todos los domingos en la inmensa mayoría de los equipos de la Primera División. 

Ojalá esta próxima temporada sea totalmente distinta, porque no lo duden, esta afición no exige títulos, exige esfuerzo, honor y trabajo por quienes visten nuestra centenaria camiseta. Y en la plantilla actual hay varios futbolistas que no conocen esas palabras. 

Esfuerzo, honor y entrega que tiene que venir acompañado como no puede ser de otra manera, viniendo nuestro equipo de donde viene, de la utilización obligatoria de nuestra cantera. Y no hablo sólo de Luis Alberto o Campaña, hablo de no romper una de las señas de identidad de nuestro Sevilla Fútbol Club. En el perfil que se le debe exigir a cualquier técnico que quiera ser nuestro entrenador, debe estar contemplado que no se puede ser entrenador de nuestro club viviendo de espalda a lo que ocurre en la Ciudad Deportiva de la Carretera de Utrera. Allí entrenan cada día la savia y la sangre de nuestro club, y ningún entrenador del Sevilla debe romper ese vínculo generacional de futbolistas que desde alevines hasta el Sevilla Atlético, constituyen el futuro deportivo del club. 

Cuando un club cambia de entrenador cuatro veces en tres temporadas, algo no va bien y Michel tiene en su mano cambiar esa dinámica. Su renovación no se la ganó en el campo, aunque, justo es reconocerlo, tenía en sus manos un vestuario enfrentado y la peor plantilla de los últimos tiempos. 

Continuará……


martes, 15 de mayo de 2012

Ni revolución, ni inmovilismo. (Capitulo uno: La plantilla)


Terminó la temporada y como el verano es largo y dará mucho que hablar, hemos decidido desde este blog "De Granito" escribir algunas líneas para desmenuzar por capítulos las sensaciones que nos transmite el club en estos momentos de incertidumbre y las perspectivas a corto y medio plazo del equipo que nos pellizca el corazón a todos los sevillistas: el Sevilla Fútbol Club.


Asumiendo nuestra total ignorancia sobre las intenciones del accionariado actual del club, del cual formamos parte como miles de sevillistas anónimos que poseen un pequeño número de acciones, nuestro análisis y nuestras reflexiones las situamos básicamente en el aspecto deportivo e institucional, sin obviar que es imposible separar ambos aspectos de la fortaleza accionarial por quienes actualmente dirigen el club.


Lamentamos tener que empezar diciendo aquello que de manera reiterada hemos venido sosteniendo en este humilde, modesto y desconocido blog. Pero como ha quedado escrito en muchas entradas de “De Granito”, lo que ha pasado este año, era muy previsible que ocurriera. Hay consenso entre el sevillismo de cuales han sido las causas de este estrepitoso fracaso que ha expulsado a nuestro club de la élite futbolística en España y en Europa, cuando hace apenas un lustro paseábamos gloriosas las banderas sevillistas por los terrenos de juego.


La principal de esas causas, es sin duda alguna, la tan manida, repetida y certera afirmación de la falta de calidad en una plantilla que hasta hace muy poco contaba con más de media docena de futbolistas de clase “A”, y que año tras año, en las sucesivas reestructuraciones producidas, la han bajado grotescamente de categoría. La dirección deportiva del Sevilla Fútbol Club ha fracasado estrepitosamente a la hora de buscar recambios a futbolistas que nos han ido dejando en estos últimos años. Y el fracaso es doblemente grave, por cuanto no solo se ha vulgarizado la plantilla, y por consiguiente el juego en las tres competiciones donde hemos participado, sino que se ha hecho a precio de oro amenazando seriamente la estabilidad económica del club.


No ha sido nunca el Sevilla aquel club que arma su plantilla a golpe de talonario, primero porque casi nunca pudo, pero también porque en la actual coyuntura económica y con el fútbol español endeudado hasta las cejas, no se debe poner en peligro la supervivencia del mismo. Pero el caso es que el “Plan Renove” de Monchi, ha resultado ser un autentico fiasco deportivo, y de no corregirse en el futuro inmediato,  puede poner en riesgo el presente y el futuro de la entidad. 

Con los números en la mano, el Sevilla Fútbol Club, ha dilapidado en futbolistas de medio pelo, (Chevantón, Romaric, Mosquera, Zokora, Dabo, Acosta, Koné, Alexis, Spahic, Konko, Sergio Sánchez,  Duscher, Trochowski, Rakitic, Coke, Manu del Moral, Tom de Mul, Hinkel, Boulahrouz, Cigarini, Guarente, y alguno más que me dejaré en el tintero) sólo en concepto de fichajes o traspasos, más de 100 Millones de Euros. Fichas aparte. Y cuando ese dineral no tiene su correspondencia en calidad sobre el césped, el fracaso deportivo está servido.

Y sí a ese despropósito en la planificación deportiva, sostenido durante las tres últimas temporadas, de fichar a futbolistas mediocres a precio fuera de mercado en razón de su calidad, se le suma el baile de entrenadores de perfil bajo que han desfilado por Nervión, el resultado estaba cantado y no había que ser un lince para adivinar lo que ha ocurrido. 

Y ojo, que el descenso del Villarreal, es un aviso para navegantes de de lo que puede pasar en nuestro club si no se corrige a tiempo esa manifiesta falta de calidad de la plantilla.

En resumen, y para terminar este primer capítulo de nuestra  reflexión como sevillistas, hemos pasado de “comprar barato y vender muy caro”, a “comprar muy caro, y vender casi regalado”. Y cuando eso ocurre con al menos una docena de futbolistas de la primera plantilla, y a falta de talonario o de ingresos millonarios que lo remedien, lo natural es lo que ha ocurrido esta temporada. Mediocridad absoluta.

Monchi y Del Nido, quien a pesar de todo, tienen nuestra absoluta confianza y la capacidad suficiente para cambiar esta situación, porque lo han demostrado con creces y en situaciones aún peores, deben confeccionar a muy corto plazo, una plantilla acorde con los proclamados objetivos europeos del club. Lo contrario sería reconocer que esos objetivos, hoy por hoy, son una quimera. 

Estamos muy cerca, si no lo estamos ya, de que vuelva el Sevilla de casi toda la vida, aquél que sólo aspiraba a tener 43 puntos y salvar la categoría.

Continuará……

jueves, 10 de mayo de 2012

Achúcarro, el medio centro adelantado a su tiempo, nuevo dorsal de leyenda en Nervión.


Mi memoria visual apenas alcanza a recordar las últimas temporadas en activo de Ignacio Achúcarro Ayala, un futbolista paraguayo que se apropió, hace más de medio siglo, la posición de medio centro, algo tan importante en el fútbol actual. Con un porte inconfundible, pelo rubio cortado a cepillo, fornido, recio y con un físico imponente, Achúcarro era el encargado en aquel equipo de “la delantera de cristal” con Dieguez, Antoniet, Pereda y Szalay, de poner freno a adversarios tan temibles como Puskas, Di Stéfano, Kubala  o Gárate.

Achúcarro arribó a Sevilla en el otoño de 1958, el mismo año en el que fue inaugurada nuestra bombonera y cuentan las lenguas antiguas, que su debut, el 26 de Noviembre de ese año contra el Athletic Club de Bilbao de Piru Gainza, fue suficiente para que el paraguayo entrara definitivamente en el corazón del sevillismo. Ganó el Sevilla por 3-2 y ese rubio de pelo ralo, levantó con su pundonor, sacrificio y entrega, aquel partido que el Sevilla perdía al descanso por 2-0.

Achúcarro atravesó el charco desde su Paraguay natal, tras disputar y destacar con la selección paraguaya (la albirroja), en el Mundial de Suecia de 1958. Su destino estaba apalabrado con el FC Barcelona, pero una gestión de la directiva de la época hizo que Achúcarro tomara rumbo a Sevilla para formar, junto con el inolvidable Manolito Ruíz Sosa, una de las líneas medias más importantes de la historia del Sevilla Fútbol Club.

Achúcarro formó parte de aquella legendaria alineación sevillista de los años sesenta en la que nuestros padres y abuelos recitaban de memoria: Mut, Juan Manuel, Campanal, Valero, Ruíz Sosa, ACHÚCARRO, Agüero, Diéguez, Antoniet, Pereda y Szalay. El equipo lo dirigía uno de los entrenadores más carismáticos de la historia del Sevilla, el barcelonés, Luís Miró

Aquél futbolista con pinta de gladiador, fue nuestro Poulsen o nuestro Medel en la década de los sesenta. Y cuando le llegó la hora de la despedida, Achúcarro ya había jugado 278 partidos oficiales con la camiseta del Sevilla Fútbol Club, el único equipo español al que perteneció en toda su dilatada y amplia carrera futbolística durante 10 años. 

Todavía recuerdo aquel partido. Yo era un chaval de 14 años y el club le organizó un partido homenaje contra un equipo de su tierra que se encontraba de gira por España: el Guaraní. La escuadra aurinegra, se lo llevó de vueltas a su pais, a su barrio  de Tembetary en Asunción, para formar parte del equipo del Olimpia, su primer amor futbolistico con el logró clasificarse para la Copa Libertadores de 1969.

Este hombre que hoy ha recibido el homenaje del club, es Achúcarro, nuestro “Dorsal de Leyenda” que con el número seis a su espalda, continúa, tras Arza, Bustos y Campanal, la legendaria lista de futbolistas que dejaron en el club más grande del Sur de Europa, su impronta, su clase, y su huella.

Quiere las circunstancias, que Achúcarro haya sido homenajeado el mismo día que se cumplen seis años de la final de la UEFA en Eindhoven, uno de los momentos inolvidables en la memoria colectiva del sevillismo, y sin duda alguna, uno de los días más importantes para el 
fútbol en Andalucía. 

sábado, 5 de mayo de 2012

Y parece que fue ayer….


Pero hoy dice adiós tras no sé cuantos goles, muchas tardes gloriosas de fútbol, y siete títulos bajo el brazo, el mejor jugador del Sevilla Fútbol Club que han visto mis ojos salir por la bocana de los vestuarios del Ramón Sánchez Pizjuán. Bajo esa gloriosa casaca blanca de mi equipo y con el escudo de Nervión en el pecho, Frederick Kanouté ha regalado al sevillismo los años más felices de nuestra historia reciente. Kanouté nos ha hecho sentirnos orgullosos de ser sevillista, hemos presumido de tener en nuestras filas a algo más que un futbolista y para muchos de nosotros, al menos para mí, ha sido el futbolista más grande que yo he visto vestido de sevillista en mis cerca de sesenta años de vida.

Esta noche le diremos hasta siempre y os aseguro que viviremos en Nervión uno de esos momentos mágicos para todo el que siente en rojiblanco. Se despide de su afición, la leyenda, el futbolista que nos llevó a disfrutar de la gloria aquí en la tierra, uno de los profesionales más integros que ha pisado el césped de nuestra bombonera, el hombre que hizo del fútbol un instrumento para conseguir la felicidad de los demás, el abanderado de toda una época gloriosa que quedará marcada con tinta roja indeleble en los libros de historia y en la memoria histórica del equipo más grande del sur de Europa.

Hoy marcharemos a la casa de todos lo sevillistas, a la morada de los FIELES DE NERVIÓN, para decirle HASTA SIEMPRE, a Frederick Kanouté. Poco nos importará la dureza deportiva del momento, las circunstancias negativas que rodean al club en esta coyuntura negativa, la dolorosa derrota ante el eterno rival,  el desasosiego que nos produce esta nefasta campaña deportiva, la enorme desilusión de quedarnos fuera de los puestos europeos tras ocho años consecutivos, o de constatar la incertidumbre que rodea al futuro del club, porqué a pesar de todo eso, hoy es el día de  estar con Kanouté.

Tu no lo viste jugar Papá. Pero te aseguro que hubieras disfrutado de ese futbolista como disfrutaste con Arza, Pepillo o Campanal. Te aseguro que hubieras aplaudido a rabiar cada vez que este gigante, con corazón de niño africano, levantaba sus brazos al cielo cada vez que perforaba la meta rival.

Hace hoy 9 años que subistes al tercer anillo, Papa. Y parece que fue ayer.

Un beso de mamá y tus tres hijos, estés donde estés. Nunca te olvidaremos.  

viernes, 23 de marzo de 2012

Te van a echar de menos, Iturralde.

La verdad es que no podemos disimular nuestra euforia tras conocer el anuncio de la retirada del arbitraje del ladrón Iturralde González.

La historia del glorioso y centenario, Sevilla Fútbol Club, esta jalonada de grandes éxitos deportivos (son muy pocos los clubes en España que tiene en sus vitrinas, 10 títulos oficiales), de grandes decepciones, de momentos inolvidables, de alegrias inenarrables, de momentos tristes y también de arbitrajes indignos.

Iturralde González, es el Azón de los tiempos modernos. Si aquél árbitro de ingrato recuerdo nos robó una liga en Nervión, anulando el gol de Araujo que nos daba el segundo título de liga, incluso despues de conceder el tanto, el "tocahuevos" de los rizitos, nos mangoneaba en Mallorca la opción de optar a otro título de liga. Tal fue el atraco a pito armado, que los mismos futbolistas del Mallorca reconocieron posteriormente que hubo tres penalties que ni él, ni su compañero de terna, el impresentable Rafa Guerrero, quisieron señalarlo.

Y no fue el único atraco. Él, que presume de decir siempre la verdad, no tuvo cojones en aquella semifinal de copa contra el Real Madrid para poner en el acta la humillación y la afrenta que le propinó el por entonces Director Deportivo del Real Madrid, Jorge Valdano (otro que mea colonia) avasallando su propio vestuario.

Hasta nunca Iturralde, hasta nunca. Ahora puedes dedicarte, como hizo otro de tus colegas cuando se retiró, (Megía Dávila) a asesorar deportivamente a cualquiera de los dos equipos que te echaran de menos.  Tu estómago te lo agradecerá.