
Con el corazón roto y las mejillas bañadas en lágrimas, escribo este post que nunca quise escribir. El CSKA de Moscú nos ha dejado en la cuneta de manera justa y dolorosa. Justa porque han sabido jugar la eliminatoria mejor en los dos partidos, y dolorosa porque el gran Andrés Palop, tantas veces decisivo en la portería, no tuvo suerte en el segundo gol del equipo ruso.
No es noche para hacer daño al escudo que queremos, ni tampoco para sacar fuera la rabia contenida tras un partido horrendo de nuestro equipo.El que escribe forma parte de esa generación de sevillistas que de no ver absolutamente nada durante décadas, disfrutó cuando su equipo llegó a ser grande en España y en Europa conquistando cinco títulos en tan solo quince meses. Y sé que eso es irrepetible. No hay pues añoranza de nada. Solo la constatación, una vez más, que hemos terminado un ciclo y que necesariamente, por el bien de nuestro club, hay que empezar a construir otro.
Con otros futbolistas y con otro entrenador. Hay media docena de jugadores que tienen muy cerca el final de su carrera y acertar en esa tarea, es trabajo de la dirección deportiva y del Consejo de Administración. Todo hubiera sido más fácil con los ingresos de la Champions, pero ahora hay que asumir, como anunció el Presidente, que los números no cuadrarán a final del ejercicio.
Sé que no es bueno para nadie cambiar de caballo a mitad de la carrera, y con toda probabilidad, Del Nido y su Consejo de Administración, acertarán manteniendo a Jiménez en el banquillo hasta final de temporada. Sobre todo porque todavía queda la final de la Copa del Rey, y falta amarrar alguna de las dos plazas que dan derecho a jugar la próxima temporada la Champions League.
Pero los que mandan, que son tan sevillistas como yo, deben saber que el crédito de Manolo Jiménez con la afición, no sé si también con los futbolistas, está agotado. Lamentablemente hoy hemos vivido una noche aciaga en la historia reciente del Sevilla Fútbol Club. Por segunda vez en dos años, el equipo no ha pasado de los octavos de final de la Champions, y en las dos ocasiones la sensación es de que nos han eliminado rivales inferiores al nuestro.
El equipo esta noche se ha parecido demasiado a ese equipo indolente del campeonato de liga, irregular en el juego, sin saber leer el partido en cada momento, falta de actitud, blando en defensa y romo en ataque, superado físicamente por el rival – aunque parezca increíble el CSKA, nos ha ganado en el aspecto físico – y con un galimatías táctico del que hemos sido incapaces de salir. No quiero meterme a entrenador, una profesión para lo que no estoy capacitado, pero desde mi confesada ignorancia, todavía me estoy preguntado porque le regalamos al rival veinte minutos después de que se adelantaran el marcador a falta de media hora sin hacer ningún cambio.
Lo dejo ya. Aunque como miles de sevillistas esta noche tardaré en conciliar el sueño porque el palo ha sido tremendo, peor incluso que la noche del Fenerbahce. Hoy se le ha propinado un severo golpe a la autoestima de los sevillistas, se ha frenado en seco el crecimiento deportivo del club y se ha causado un grave perjuicio económico a la tesorería. Sólo queda mucha desilusión y la constatación de que estamos ante un proyecto deportivo estancado que necesita renovarse cuanto antes.
No es noche para hacer daño al escudo que queremos, ni tampoco para sacar fuera la rabia contenida tras un partido horrendo de nuestro equipo.El que escribe forma parte de esa generación de sevillistas que de no ver absolutamente nada durante décadas, disfrutó cuando su equipo llegó a ser grande en España y en Europa conquistando cinco títulos en tan solo quince meses. Y sé que eso es irrepetible. No hay pues añoranza de nada. Solo la constatación, una vez más, que hemos terminado un ciclo y que necesariamente, por el bien de nuestro club, hay que empezar a construir otro.
Con otros futbolistas y con otro entrenador. Hay media docena de jugadores que tienen muy cerca el final de su carrera y acertar en esa tarea, es trabajo de la dirección deportiva y del Consejo de Administración. Todo hubiera sido más fácil con los ingresos de la Champions, pero ahora hay que asumir, como anunció el Presidente, que los números no cuadrarán a final del ejercicio.
Sé que no es bueno para nadie cambiar de caballo a mitad de la carrera, y con toda probabilidad, Del Nido y su Consejo de Administración, acertarán manteniendo a Jiménez en el banquillo hasta final de temporada. Sobre todo porque todavía queda la final de la Copa del Rey, y falta amarrar alguna de las dos plazas que dan derecho a jugar la próxima temporada la Champions League.
Pero los que mandan, que son tan sevillistas como yo, deben saber que el crédito de Manolo Jiménez con la afición, no sé si también con los futbolistas, está agotado. Lamentablemente hoy hemos vivido una noche aciaga en la historia reciente del Sevilla Fútbol Club. Por segunda vez en dos años, el equipo no ha pasado de los octavos de final de la Champions, y en las dos ocasiones la sensación es de que nos han eliminado rivales inferiores al nuestro.
El equipo esta noche se ha parecido demasiado a ese equipo indolente del campeonato de liga, irregular en el juego, sin saber leer el partido en cada momento, falta de actitud, blando en defensa y romo en ataque, superado físicamente por el rival – aunque parezca increíble el CSKA, nos ha ganado en el aspecto físico – y con un galimatías táctico del que hemos sido incapaces de salir. No quiero meterme a entrenador, una profesión para lo que no estoy capacitado, pero desde mi confesada ignorancia, todavía me estoy preguntado porque le regalamos al rival veinte minutos después de que se adelantaran el marcador a falta de media hora sin hacer ningún cambio.
Lo dejo ya. Aunque como miles de sevillistas esta noche tardaré en conciliar el sueño porque el palo ha sido tremendo, peor incluso que la noche del Fenerbahce. Hoy se le ha propinado un severo golpe a la autoestima de los sevillistas, se ha frenado en seco el crecimiento deportivo del club y se ha causado un grave perjuicio económico a la tesorería. Sólo queda mucha desilusión y la constatación de que estamos ante un proyecto deportivo estancado que necesita renovarse cuanto antes.




