miércoles, 6 de junio de 2012

Ni revolución, ni inmovilísmo (Capitulo dos: El entrenador)



La renovación de Michel decidida por unanimidad en el Consejo de Administración, pone encima de la mesa otra de las causas que han provocado el fiasco del equipo en esta última temporada principalmente: la contratación en los últimos tiempos de un entrenador de perfil medio-bajo, poco acorde en ocasiones con la calidad media de la plantilla. 


Ni Manolo Jiménez, ni Antonio Álvarez, ni Gregorio Manzano, ni Marcelino García Toral, han sido capaces, por distintos motivos y distintas circunstancias de continuar con la herencia recibida desde la salida por la gatera de Nervión de Juande Ramos. Cierto es que a Jiménez le duró la cuerda hasta que se extinguió la dinámica de equipo ganador que había dejado el de Pedro Muñoz; no menos cierto es que Antonio Álvarez se asió a esa estela para ganar la Copa del Rey en Barcelona. Pero seamos sinceros, el primero tenía dividido a la afición, y el segundo nunca llegó a tomarle el pulso al equipo.

Llegó Manzano y era el mismo caldo con distinta taza. Aquella nefasta eliminatoria contra el Oporto y su demostrada incompetencia para sacarle partido a una todavía muy buena plantilla, le hizo perder los papeles. 

La etapa de Marcelino fue sin embargo la que más frustración dejó en el seno del sevillismo. Pocas veces tuvo un entrenador a priori el viento más favorable en Nervión. Sin merecerlo, se ganó el respeto, la confianza y la admiración de toda la Sevilla futbolística, y no solo la que siente en sevillista. Toda la prensa deportiva sin excepciones, y todo el sevillismo se subió a esa ola de optimismo que la llegada de Marcelino trajo a Nervión. Por eso el chasco después fue más grande. 

De la ilusión a la decepción más absoluta; de las alabanzas sin freno a las críticas más agudas. Marcelino perdió el crédito de la afición en muchas tardes de futbol infame y la remató en aquella nefasta eliminatoria de Copa contra el Valencia cuando teniendo la obligación de remontar el 0-1 de Mestalla, dejó a Kanouté en el banquillo hasta el minuto 80 de partido. 

Y ahora Michel. Un entrenador que a priori desagradaba en Nervión, fundamentalmente porque desagrada todo lo que huele al equipo de Chamartín, y también, porque no decirlo, porque era de esos futbolistas que en su ADN está muy marcado ese origen madridista.


No se si Michel es la solución. Si sé que en el tiempo que ha sido nuestro entrenador durante la temporada pasada, el equipo dio síntomas distintos a los inquilinos anteriores de nuestro banquillo: buen trato de balón, querencia por el juego combinado, intensidad para ir por los partidos, posicionamiento en el campo más coherente, recuperación de la sintonía en el vestuario, (ofreciendo los galones a quienes nunca debieron de perderlo), inteligencia en la sala de prensa, etc.

Pero siendo todo esto cierto, el equipo hizo partidos horrendos que a la postre le han costado no jugar en Europa, sobre todo la ignominiosa goleada en Getafe y el ridículo más espantoso en el partido que más nos duele. Tampoco, al igual que Manzano o Marcelino, fue capaz de enchufar a la causa a dos futbolistas de nuestra cantera que, estoy seguro, jugarían todos los domingos en la inmensa mayoría de los equipos de la Primera División. 

Ojalá esta próxima temporada sea totalmente distinta, porque no lo duden, esta afición no exige títulos, exige esfuerzo, honor y trabajo por quienes visten nuestra centenaria camiseta. Y en la plantilla actual hay varios futbolistas que no conocen esas palabras. 

Esfuerzo, honor y entrega que tiene que venir acompañado como no puede ser de otra manera, viniendo nuestro equipo de donde viene, de la utilización obligatoria de nuestra cantera. Y no hablo sólo de Luis Alberto o Campaña, hablo de no romper una de las señas de identidad de nuestro Sevilla Fútbol Club. En el perfil que se le debe exigir a cualquier técnico que quiera ser nuestro entrenador, debe estar contemplado que no se puede ser entrenador de nuestro club viviendo de espalda a lo que ocurre en la Ciudad Deportiva de la Carretera de Utrera. Allí entrenan cada día la savia y la sangre de nuestro club, y ningún entrenador del Sevilla debe romper ese vínculo generacional de futbolistas que desde alevines hasta el Sevilla Atlético, constituyen el futuro deportivo del club. 

Cuando un club cambia de entrenador cuatro veces en tres temporadas, algo no va bien y Michel tiene en su mano cambiar esa dinámica. Su renovación no se la ganó en el campo, aunque, justo es reconocerlo, tenía en sus manos un vestuario enfrentado y la peor plantilla de los últimos tiempos. 

Continuará……


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