
Anuncia la web oficial del club la posible incorporación de Enzo Maresca a la convocatoria del partido contra el eterno rival, tras constatarse una evolución favorable de su lesion.
Y ahora que parece estar de moda dar caña a Enzo Maresca, uno de nuestros capitanes en la primera plantilla, creemos conveniente desde “De Granito” romper una lanza a favor de quien se ha ganado, desde que llegó al mejor equipo del sur de Europa, el respeto y el cariño de los sevillistas.
Era julio de 2005, cuando arribaba a nuestra ciudad un futbolista que llamaba la atención del sevillismo por dos cosas: era el primer futbolista italiano que iba a enfundarse nuestra camiseta, y venía, ni más ni menos, que del club más importante, en palmarés, de Italia, la Juventus de Turín.
Hasta que llegó al Sevilla Fútbol Club, Enzo Maresca era lo que se denomina, un trotamundos del fútbol. Con apenas 25 años, ya había jugado en Italia (Cagliari B, Juventus, Bolonia, Piacenza, y Fiorentina), y en Inglaterra (West Bromwich Albion), es decir, un equipo nuevo en cada temporada.
Pronto ese elegante italiano llamó la atención por su desparpajo, su sinceridad, y su saber estar. En el vestuario se ganó con el tiempo esos galones que lleva en la bocamanga y sus apariciones en rueda de prensa, siempre fueron, además de muy juiciosas, extremadamente respetuosas para con el grupo, el vestuario y la institución. Siempre remaba en la dirección correcta buscando el beneficio del equipo, incluso cuando, como pasa ahora, jugaba poco.
La llegada de Enzo Maresca al Sevilla Fútbol Club, coincidió con la etapa más gloriosa de nuestra centenaria historia. Y él fue artífice directo y protagonista principal en ese tsunami blanco y rojo que recorrió y conquistó futbolísticamente Europa. A ningún sevillista contemporáneo se le olvidará jamás, aquella final de Eindhoven con Enzo goleando por partida doble al Boro.
Por todo ello y mucho más, hay que ayudar a Enzo Maresca a salir de esta incómoda situación en la que se ha metido él sólo. Ayudándolo a él, ayudaremos al Sevilla Fútbol Club, y necesitamos, el vestuario, la afición y la institución, que vuelva el futbolista que siempre fue. Que vuelva el hombre que nos hizo felices en aquella mágica noche de Eindhoven.
Como todo jugador italiano, Maresca es una persona de sangre caliente, impulsivo y hasta cierto punto insolente. Pero de lo que no tenemos ninguna duda, es que Maresca es un magnifico profesional, cuya única mancha, en el tiempo que lleva con nosotros, es esta rajada sin sentido, producto, probablemente de los nervios. De los nervios, y de su afán de serle útil al equipo.
Ningún jugador es feliz sin jugar. Enzo Maresca tampoco. Pero eso no le da derecho a faltarle el respeto al grupo y al entrenador. Coincidimos con nuestro Presidente cuando declaró que el asunto se tenía que haber resuelto en el sitio de donde nunca debió salir: el vestuario. Pero dicho esto, hay que recomponer unas relaciones entre futbolista, afición y entrenador, que efectivamente han podido quedar deterioradas.
Se impone el sentido común, y necesitamos recuperar un futbolista que hace apenas cinco meses, renovó su contrato hasta el 2011 por el Sevilla Fútbol Club. Entonces jugaba y era feliz. Ahora que juega menos por deméritos deportivos – Enzo, por las razones que fueren, no es ni la sombra del que fue – debe recuperar en el césped, lo que reclama en rueda de prensa.
El sevillismo lo está esperando con los brazos abiertos, porque IL Capo, nuestro capitán, es uno de los nuestros.
Era julio de 2005, cuando arribaba a nuestra ciudad un futbolista que llamaba la atención del sevillismo por dos cosas: era el primer futbolista italiano que iba a enfundarse nuestra camiseta, y venía, ni más ni menos, que del club más importante, en palmarés, de Italia, la Juventus de Turín.
Hasta que llegó al Sevilla Fútbol Club, Enzo Maresca era lo que se denomina, un trotamundos del fútbol. Con apenas 25 años, ya había jugado en Italia (Cagliari B, Juventus, Bolonia, Piacenza, y Fiorentina), y en Inglaterra (West Bromwich Albion), es decir, un equipo nuevo en cada temporada.
Pronto ese elegante italiano llamó la atención por su desparpajo, su sinceridad, y su saber estar. En el vestuario se ganó con el tiempo esos galones que lleva en la bocamanga y sus apariciones en rueda de prensa, siempre fueron, además de muy juiciosas, extremadamente respetuosas para con el grupo, el vestuario y la institución. Siempre remaba en la dirección correcta buscando el beneficio del equipo, incluso cuando, como pasa ahora, jugaba poco.
La llegada de Enzo Maresca al Sevilla Fútbol Club, coincidió con la etapa más gloriosa de nuestra centenaria historia. Y él fue artífice directo y protagonista principal en ese tsunami blanco y rojo que recorrió y conquistó futbolísticamente Europa. A ningún sevillista contemporáneo se le olvidará jamás, aquella final de Eindhoven con Enzo goleando por partida doble al Boro.
Por todo ello y mucho más, hay que ayudar a Enzo Maresca a salir de esta incómoda situación en la que se ha metido él sólo. Ayudándolo a él, ayudaremos al Sevilla Fútbol Club, y necesitamos, el vestuario, la afición y la institución, que vuelva el futbolista que siempre fue. Que vuelva el hombre que nos hizo felices en aquella mágica noche de Eindhoven.
Como todo jugador italiano, Maresca es una persona de sangre caliente, impulsivo y hasta cierto punto insolente. Pero de lo que no tenemos ninguna duda, es que Maresca es un magnifico profesional, cuya única mancha, en el tiempo que lleva con nosotros, es esta rajada sin sentido, producto, probablemente de los nervios. De los nervios, y de su afán de serle útil al equipo.
Ningún jugador es feliz sin jugar. Enzo Maresca tampoco. Pero eso no le da derecho a faltarle el respeto al grupo y al entrenador. Coincidimos con nuestro Presidente cuando declaró que el asunto se tenía que haber resuelto en el sitio de donde nunca debió salir: el vestuario. Pero dicho esto, hay que recomponer unas relaciones entre futbolista, afición y entrenador, que efectivamente han podido quedar deterioradas.
Se impone el sentido común, y necesitamos recuperar un futbolista que hace apenas cinco meses, renovó su contrato hasta el 2011 por el Sevilla Fútbol Club. Entonces jugaba y era feliz. Ahora que juega menos por deméritos deportivos – Enzo, por las razones que fueren, no es ni la sombra del que fue – debe recuperar en el césped, lo que reclama en rueda de prensa.
El sevillismo lo está esperando con los brazos abiertos, porque IL Capo, nuestro capitán, es uno de los nuestros.


