
Hoy no quiero hablar de cómo hemos perdido nuestro séptimo partido en Nervión.
Hoy no quiero hablar de lo que duele perder en tu casa contra el Madrid, o contra el Málaga, o contra el eterno rival.
Hoy no quiero hablar del árbitro, ni de como es posible dilapadar once puntos de diferencia entre el tercer y el cuarto clasificado.
Hoy no quiero hablar de lo doloroso que resulta que el peor Madrid de los últimos tiempos te pase por encima, ni de por que das la sensación que el equipo está cascado físicamente.
Hoy no quiero hablar de como es posible que un futbolista en el ocaso de su carrera, como Raúl, te haga el sólo tres goles.
Hoy no quiero hablar de Bernardino González, ni de Pérez Lasa, ni de Mejuto, ni de Pérez Burrull.
Hoy no quiero hablar de la mala suerte, o de la manía de echarle siempre la culpa a la diosa fortuna.
Hoy no quiero hablar de porqué el delantero centro de la selección brasileña lleva tres partidos seguidos en el banquillo, o de porqué hay que jugar permanentemente con las bandas cambiadas
Hoy no quiero hablar de porqué hay que prescindir, por sistema, de las mejores futbolistas que juegan por las bandas en España, o de porqué no somos capaces de ponerle un balón de gol a Kanouté en todo el partido.
Hoy no quiero hablar de porqué siempre damos un paso atrás cada vez que nos adelantamos en el marcador, o de porqué nunca somos capaces de controlar el medio campo, o de porqué nos empeñamos en dar cada dos por tres voleones sin ton ni son.
Hoy no quiero hablar de porqué tanto miedo a perder, y porqué tanto pánico a ganar
Hoy no quiero hablar de partidos bochornosos, de derrotas estrepitosas, de partidos desquiciados, de futbolistas desfondados, de una afición disgustada.
Hoy no quiero hablar de sistemas equivocados, de futbolistas descentrados, de equipo desmotivado.
Hoy no quiero hablar de planteamientos rácanos, de vulgaridad en las formas del equipo, ni de actitudes conformistas.
Hoy no quiero hablar de cómo podemos perder, por méritos propios, nuestro objetivo, de cómo hemos dado vida a nuestros rivales, de cómo hemos alimentado entre nuestros fieles seguidores, la desconfianza, el miedo y la inseguridad.
Hoy no quiero hablar de perder la tercera plaza, ni de la posibilidad de que ni siquiera juguemos el año próximo en Europa.
Hoy no quiero hablar del fracaso deportivo que supondría no jugar la Liga de Campeones.
Hoy no quiero hablar de cómo hemos soportado la humillación de ser derrotados por el entrenador más ruín, más pérfido y más inhumano que hemos tenido en nuestra historia.
Hoy no quiero hablar de cómo ese mismo entrenador nos ha dado, otra vez, una lección de cómo ganar partidos desde el banquillo.
Hoy no quiero hablar de que no es casualidad ver como un equipo pierde cuatro partidos consecutivos.
Hoy no quiero hablar de Manolo Jiménez, nuestro entrenador. ¿Para que hablar? si ya hoy la grada de Nervión ha dictado sentencia
Hoy quiero hablar de que quedan quince puntos por disputar, y de que ganándolos todos estaremos en la Champions.
Hoy quiero hablar de que dependemos de nosotros mismos para mantener esa tercera plaza.